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viernes, 5 de diciembre de 2014

Whale watching in Puerto Vallarta

The winter months are just perfect for holidays in Puerto Vallarta. The climate is pleasant and one of the greatest events for nature lovers take place: The arrival of the whales. Especially the giants of the sea, the humpback whales, let us marvel about the beauty of the environment we live in. Flicking their tails, jumping out of the water and communicating with deep sounds that let the water vibrate.. it is surely an unforgettable natural experience. Gray whales are also common these days, and often one can see their babies swimming along.

The mammals arrive in late November in Banderas Bay for mating and birth giving, and stay here a couple of months before returning home, usually in April. During this time, visitors can book whale watching tours that are offered by many different operators and often include a money-back guarantee when there were no whales spotted. It is also highly probable to see other magnificent sea creatures during the tour, like dolphins, turtles and giant mantas. An awesome opportunity to take unique photos, to learn about the sea environment and to experience nature with one's very eyes. We recommend this activity especially for families with children, since this is an educative event with a great fun factor! The marine biologists that usually guide the tours also provide valuable information and insight about the impressive mammals and their habitat in general. When you visit Puerto Vallarta in winter or early spring, don't miss the chance to witness the whale season!

On the official site of Puerto Vallarta one can find more information about the tours and find reputable operators: http://www.visitpuertovallarta.com/to-do/activities-and-tours



lunes, 28 de octubre de 2013

Temporada de ballenas en Puerto Vallarta

La llegada de las ballenas grises y jorobadas a costas mexicanas anuncia el advenimiento de uno de los fenómenos naturales más espectaculares de todo el planeta, un regalo que año con año no nos deja de sorprender.

Año tras año, las costas de Pacífico Norte de México reciben la increíble visita de dos de las especies más grandes del mundo submarino: las ballenas gris y jorobada.

En efecto, luego de un largo viaje que da inicio en el Ártico, y que comprende más de 10,000 km, la ballena gris termina su recorrido en las costas de la península de Baja California, en las tranquilas aguas de las lagunas San Ignacio y Ojo de Liebre, en Guerrero Negro, dentro de la reserva de la Biosfera del Vizcaíno, y del estero de la Soledad, Puerto Adolfo Mateos y Puerto San Carlos, en la Bahía de Magdalena, donde inicia su sorprendente proceso de procreación. Es así como, desde finales de diciembre y hasta principios de abril, los visitantes a esta región pueden maravillarse con la observación y, en muchas ocasiones, con el contacto directo sobre la piel de uno de estos imponentes mamíferos de ¡más de 14 m!


Espectáculo similar ocurre en las costas de Nayarit, adonde llega la ballena jorobada después de nadar desde Alaska. Ésta se distingue de la gris por sus enormes aletas pectorales (que llegan a medir hasta 4 m y son las más largas entre todos los cetáceos), pero sobre todo por una pequeña aleta dorsal, de forma triangular, que presenta sobre una joroba o giba, situada en el tercio posterior de su cuerpo. La ballena jorobada alcanza las cálidas aguas de Punta Mita, Bahía de Banderas y Rincón de Guayabitos para ahí aparearse, reproducirse y dejarse ver dando impresionantes saltos de casi 3 m, los cuales descubren gran parte de sus vientre color blanco. Esto sucede desde principios de diciembre hasta principios de marzo cuando, junto con sus pequeñas crías “nayaritas” de casi 6 m de largo, emprende el regreso a las costas de aquel gélido estado americano.

Los mejores lugares de salida para observar a la ballena jorobada son: San Blas, La Cruz de Huanacaxtle y Sayulita.

Observar el imponente paso de una gris, acariciando con su cola las tranquilas aguas de la península de Baja California, o bien admirar el increíble salto de una jorobada frente a las costas nayaritas, constituye uno de los regalos más hermosos que la naturaleza ha dado a las costas del Pacífico mexicano.

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